Toyota comienza a replantear su estrategia. Con cifras de ventas mínimas y una infraestructura global limitada, el futuro de los vehículos de hidrógeno parece cada vez más incierto.
El hidrógeno, que alguna vez fue considerado por Toyota como el combustible del futuro, enfrenta grandes desafíos para consolidarse como una alternativa viable en la industria automotriz. A pesar de sus esfuerzos pioneros, la marca japonesa ahora duda de un «futuro brillante» para esta tecnología, especialmente en el sector de los automóviles.
En 2014, Akio Toyoda, entonces presidente de Toyota, declaró que el lanzamiento del Toyota Mirai, el primer carro de hidrógeno producido en serie, marcaría un punto de inflexión en el transporte. Sin embargo, los números no respaldan esa visión. Desde entonces, Toyota ha vendido más de 100 millones de vehículos en todo el mundo, pero solo 27.500 unidades han sido de hidrógeno, un insignificante 0,028% del total.
Según Hiroki Nakajima, director de tecnología de Toyota, el panorama no es alentador: «No puedo decir con certeza que haya un futuro brillante para el hidrógeno», comentó en un evento en el circuito Fuji Speedway de Japón.

El talón de Aquiles del hidrógeno
La falta de estaciones de repostaje es uno de los mayores obstáculos para la adopción del hidrógeno. En algunos países de Europa, como España, existen 38.725 puntos de recarga para vehículos eléctricos de batería, mientras que solo hay 11 hidrogeneras en todo el territorio, de las cuales únicamente 2 están abiertas al público.
A nivel global, la situación no es muy distinta, lo que dificulta el crecimiento de este mercado frente al avance imparable de los automotores eléctricos. Además, las baterías están mejorando rápidamente, con mayor autonomía, menores tiempos de carga y costos que siguen disminuyendo gracias a la feroz competencia, especialmente en China.
Lo anterior, ha hecho que incluso grandes compañías como Shell cierren estaciones de hidrógeno, como ocurrió en febrero de 2024 en California. Ante las dificultades en el sector de los automóviles, Toyota está redirigiendo su apuesta por el hidrógeno hacia camiones, autobuses y furgonetas. En 2023, su filial Hino Motors anunció una fusión con Mitsubishi Fuso para fomentar el uso de tecnologías de hidrógeno y buscar economías de escala. Pero, este acuerdo aún no se ha concretado.

Un giro hacia transporte pesado y alianzas
Toyota también colabora con Isuzu Motors en el desarrollo de camiones ligeros con pilas de combustible de hidrógeno, cuya producción masiva se espera hacia el final de esta década. Así mismo, ha cerrado acuerdos para suministrar autobuses de hidrógeno en ciudades como Tokio, Madrid y Estrasburgo.
En el ámbito de los turismos, Toyota se ha asociado con BMW y Hyundai para reducir costos y competir con los fabricantes chinos de carros eléctricos. Mientras BMW desarrolla un X5 de hidrógeno, Toyota presentó en noviembre un prototipo de furgoneta híbrida con hidrógeno y batería, que será probado en Australia.
A pesar de las dificultades, Toyota no descarta por completo esta tecnología. «Si renunciamos al hidrógeno, corremos el riesgo de renunciar al futuro», afirmó Nakajima. No obstante, reconoció que el éxito depende de una coordinación estrecha entre los fabricantes y las iniciativas gubernamentales para desplegar la infraestructura necesaria. «Este no es un problema del huevo y la gallina, es como la relación entre la miel y la abeja».
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Paola Reyes Bohórquez.







