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Clásicos Colombianos

Land Rover y su llegada a Colombia: abriendo caminos en un país rural (1949)

Land Rover 1949 Colombia

El campero inglés de fama mundial, Land Rover, también vino a tentar al naciente mercado agropecuario nacional que el Jeep Willys creó en la posguerra.

PUBLICRÓNICA No. 48.
Por Camilo Ernesto Hernández Rincón, historiador automotor.
Especial para EL CARRO COLOMBIANO.

Quizás, la influencia más grande que dejó la Segunda Guerra Mundial a la industria automotriz, fue el Jeep. Por eso, los hermanos ingleses Wilks, quienes dirigían Rover Company, adquirieron uno de esos Jeeps sobrantes de guerra para su uso personal. Conscientes de que éste cumpliría su ciclo, plantearon producir uno por su cuenta para el mercado británico, con la misma misión que tuvo el original en Estados Unidos: el Land Rover.

Con la limitante de reemplazar el escaso acero por aluminio en su carrocería, pero con el estímulo de la exportación como prioridad, el Land Rover debutó en 1948 en el Salón del Automóvil de Ámsterdam. Así nació uno de los vehículos más influyentes y carismáticos de la industria británica ante el mundo.

Coincidiendo con el regreso de los carros europeos en la posguerra, a menor precio y ya con una escuela previa generada por su inspirador y ahora principal competidor, el Land Rover llegó a Colombia un año después de su estreno mundial. Un país rural, de vías irregulares y topografía difícil, resultaba más adecuado para ambos camperos que cualquier automóvil. Y así se hizo saber.

Land Rover 1949 Colombia

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Land Rover y su llegada a Colombia: el “jeep inglés”

El primer importador conocido de Land Rover en Colombia fue G.N. Hutchinson, de Barranquilla. Su primer anuncio no era muy brillante: en octubre de 1949 exhibía una imagen lateral del vehículo, con la puerta abierta a 180°, y otra de su bastidor con ruedas y motor en vista superior.

Pocos textos indicaban que tenía tracción en las cuatro ruedas, y que era ideal para el campo o la industria. No faltaban adjetivos sobre seguridad y confiabilidad.

Lo único llamativo en el presente, más que en el pasado, es que se referían al Land Rover como el “jeep inglés”. Tal mención hoy le costaría conflictos legales con el original norteamericano y además, es abiertamente inaceptable entre la definición purista de los todoterrenos, diversos y con identidad propia entre sí.

Ya entrada la década de 1950, su publicidad evolucionó pese a que tuvo momentos de estancamiento, marcados por el estilo del anuncio pionero. Entró en escena un nuevo representante nacional, Jaime Durán y Cía., y se insistía en sus clientes específicos: el agricultor y el ganadero. Todo esto, enfatizando en sus ventajas adicionales y mejoras.

Land Rover 1949 Colombia

Land Rover 1949 Colombia

Lento despegue

Entre ambos distribuidores había, por fin, un listado de concesionarios autorizados en Colombia. Y en sus avisos más atractivos, aparecía la imagen corporativa que siempre hemos reconocido en la marca: los dos nombres puestos a dos márgenes, y unidos por una línea partida en dos ángulos que forman una “Z”. Así, la representación visual ganó en calidad con el vehículo en acción, y sus usuarios al mando.

Desde luego, en estos anuncios se podían reconocer más fácilmente las líneas del Land Rover, especialmente su frente de dos luces, muy juntas, y parrilla en forma de “T” invertida. Cabe decir que este aspecto mucho más rústico y geométrico, fue en Colombia menos frecuente que el del Jeep Willys en su primera etapa. Tanto, como su publicidad misma.

Como era de esperarse, su difusión fue tan limitada como la de sus demás compañeros automotores europeos frente a los americanos, más cercanos y reconocidos. Pero es una manifestación más del primer contendor universal que tuvo el Jeep.

Land Rover 1949 Colombia

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Land Rover 1949 Colombia

Una historia de fortaleza

En realidad, la difusión definitiva del Land Rover en Colombia tuvo lugar desde la década siguiente. Mientras se restringían las importaciones, en 1958, apareció en Gran Bretaña la segunda generación con el diseño más robusto y redondeado con que lo reconocemos desde inicios de los años sesenta, cuando regresó con la corbata que rezaba “Santana” bajo su logotipo ovoide.

Dichos ejemplares, producidos en España y favorecidos por precios de origen menor y los canjes agropecuarios de entonces, fueron los que le dieron a este campero la difusión popular que hoy reconocemos. Amén del favor que le hicieron sus mismos competidores, japoneses y socialistas. Claro, también llegaron algunas unidades inglesas originales.

De otro lado, la rebautizada Casa Durán fue su representante definitivo por años. El Land Rover generó su propia legión de clientes adictos que, incluso, le disputaron el reinado al Jeep Willys en el Gran Caldas.

Land Rover 1949 Colombia

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Cabe decir que ha sido omnipresente en Colombia, y ahora más que nunca, como Land Rover Defender, pasando de su función inicial de carro finquero a la de un aventurero de culto mundial. Pero esas pocas primeras unidades, son hoy valiosos coleccionables. En especial, el primero que se vendió por allá en 1950, comprado por Guillermo León Valencia, quien fuera Presidente de la República en 1962.

Vea más de la serie PUBLICRÓNICAS, aquí.


CRÉDITOS:

  • Textos e investigación: Camilo Ernesto Hernández Rincón.
  • Edición de texto, reconstrucción digital de imágenes y Dirección General: Óscar Julián Restrepo Mantilla.

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Óscar Julián Restrepo Mantilla
Administrador de Empresas y Publicista bumangués. Fundador, Director y Gerente General de la Revista Virtual El Carro Colombiano.