Una de las plantas más emblemáticas de Volkswagen dejará de fabricar carros descapotables para producir sistemas de defensa aérea. Un giro de 180 grados.
La profunda reestructuración que atraviesa Volkswagen acaba de sumar uno de sus movimientos más llamativos. El fabricante alemán alcanzó un acuerdo preliminar para desprenderse de su planta de Osnabrück, una instalación con más de 125 años de historia que dejará atrás la producción de carros para convertirse gradualmente en un centro dedicado a tecnologías de defensa.
La decisión refleja la magnitud de los desafíos que enfrenta el Grupo Volkswagen. La compañía lleva meses ajustando su estructura para reducir costos, responder a una demanda más débil tanto de vehículos de combustión como eléctricos y enfrentar la creciente presión competitiva de fabricantes chinos. En ese contexto, la venta de Osnabrück surge como una alternativa al cierre definitivo de la fábrica y podría convertirse en un precedente para otras instalaciones europeas que hoy operan con exceso de capacidad.
Según el acuerdo anunciado, la firma de inversión israelí Aurelius Capital asumirá la participación mayoritaria de Volkswagen Osnabrück GmbH junto con el estado federado de Baja Sajonia, que también es el segundo mayor accionista del grupo automotor alemán. Aunque Volkswagen dejará de ser propietaria de la planta, continuará participando en el proceso de transición mediante apoyo técnico, experiencia industrial y parte de la infraestructura existente. Además, seguirá asumiendo una porción de los costos laborales durante el periodo de adaptación, previsto hasta 2029.
Final de una era para el T-Roc Cabrio
La producción de automóviles en Osnabrück concluirá en 2027, cuando salga de la línea de montaje la última unidad del Volkswagen T-Roc Cabrio. Con ello terminará un capítulo que comenzó mucho antes de que la fábrica estuviera bajo control de Volkswagen.
Originalmente perteneciente al histórico carrocero Karmann, la instalación produjo modelos para marcas como Volkswagen, Audi, BMW y Porsche. Sin embargo, tras la quiebra de Karmann en 2009, el grupo alemán tomó el control de la planta para preservar parte de su capacidad industrial.
La transición también tendrá impacto en el empleo, aunque será menor al que supondría un cierre completo. Actualmente trabajan cerca de 1.800 personas en la fábrica. Los planes iniciales contemplan mantener aproximadamente 1.400 puestos de trabajo y posteriormente reducir esa cifra a unos 1.200 empleados mediante jubilaciones y rotación natural de personal, según el comité de empresa.
Defensa gana terreno
La transformación de Osnabrück no es un caso aislado. En los últimos años, el aumento del gasto militar en Europa, impulsado por la guerra en Ucrania y la creciente inestabilidad geopolítica internacional, ha generado una fuerte demanda de equipamiento de defensa.
Varias compañías industriales han comenzado a adaptar sus operaciones para aprovechar este crecimiento. Rheinmetall, uno de los principales fabricantes de armamento de Europa, ya anunció la reconversión de antiguas plantas vinculadas al sector automotor para fabricar equipos militares. A su vez, empresas como Continental, Daimler Truck y Schaeffler también han incrementado su presencia en actividades relacionadas con defensa.
Mientras tanto, la operación de Osnabrück aún debe superar distintas etapas regulatorias y corporativas antes de concretarse. Tampoco se han revelado los términos financieros del acuerdo. No obstante, el mensaje es claro: Volkswagen está explorando alternativas para aquellas fábricas donde producir vehículos ya no resulta económicamente viable. De hecho, la compañía ya advirtió que otras cuatro plantas alemanas: Emden, Zwickau, Hannover y Neckarsulm, enfrentan un futuro incierto dentro del plan de reestructuración liderado por el CEO Oliver Blume.
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Paola Reyes Bohórquez.









