Sin una sola gota de pintura y hecho a mano en Molsheim, este Bugatti Veyron es literalmente un espejo sobre ruedas. Así volvió a la vida.

Un carro que parece un espejo sobre ruedas volvió a los talleres de Bugatti en Molsheim, Francia. Se trata de un Veyron Grand Sport Vitesse identificado con el chasis 8.100, un ejemplar encargado originalmente por un coleccionista que buscaba una configuración fuera de lo habitual. La marca lo restauró y certificó a través de La Maison Pur Sang, su programa dedicado a preservar, autenticar y recuperar vehículos de su historia.

El rasgo que lo distingue es una carrocería de aluminio pulido a la vista, sin la pintura convencional que suele cubrir las superficies de este tipo de autos. El metal refleja el entorno y cambia de apariencia según la luz, mientras deja expuestas las formas de la carrocería. La creación de este acabado exigió llevar a las instalaciones de Bugatti bloques de aluminio que pesaban hasta 20 toneladas, una referencia al material que debió trabajarse para conseguir las piezas, no al peso del metal incorporado al automóvil.

El proyecto partió de un estudio de las proporciones, las superficies y la forma en que la luz incide sobre el vehículo. Una vez definida la intervención, el carro pasó por el taller de Bugatti en Molsheim, donde especialistas y artesanos trabajaron en su recuperación. El proceso incluyó documentación de las distintas etapas, además de la certificación correspondiente.

Bugatti Veyron aluminio

Contraste de tonalidades

La intervención no consistió simplemente en pulir la carrocería. Según Bugatti, el equipo retiró elementos de personalización que se habían añadido posteriormente para devolver el chasis 8.100 a la configuración original concebida por la marca. Ese trabajo también permite conservar un registro de su procedencia y de las intervenciones realizadas, un aspecto especialmente relevante para un vehículo de colección de estas características.

En la parte interior, el protagonismo recayó en el cuero rojo carmín, cuyo tono contrasta con el brillo metálico del exterior. La cabina también combina fibra de carbono a la vista, aluminio pulido y acabados artesanales. La elección de materiales mantiene una continuidad visual con la carrocería, sin que el interior pierda la identidad propia del Veyron.

Bajo esa apariencia singular permanece la mecánica que convirtió al Grand Sport Vitesse en uno de los modelos más extremos de su época. Utiliza un motor W16 de 8,0 litros con cuatro turbocompresores, capaz de producir 1.184 hp y 1.500 Nm de torque. La potencia llega a las cuatro ruedas y conserva el carácter de alto desempeño del modelo, más allá de la intervención estética.

Bugatti Veyron aluminio

Esencia intacta

Bugatti no reveló la identidad del propietario, pero confirmó que el automóvil reside actualmente en la Riviera francesa y que recibió la certificación de La Maison Pur Sang. La marca tampoco publicó el costo de la restauración.

El resultado es un Veyron que conserva su mecánica original, pero cuya apariencia lo convierte en una pieza excepcional dentro de la historia del modelo. En este caso, la exclusividad no depende de estrenar una nueva generación, sino de preservar un automóvil cuya carrocería fue concebida como una expresión particular de diseño, materiales y trabajo artesanal.

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Paola Reyes Bohórquez.