Mientras varios fabricantes tradicionales buscan competir con China a punta de pantallas, CEO de Bugatti Rimac plantea una estrategia diferente: volver a lo auténtico.

La industria automotriz atraviesa una transformación que está obligando incluso a los fabricantes más tradicionales a replantear sus estrategias. La electrificación, los avances tecnológicos, los costos de producción y la presión comercial de China están cambiando las reglas del juego. Ante ese panorama, algunas marcas europeas han recurrido a medidas proteccionistas, mientras intentan adaptar sus productos al ritmo de los nuevos competidores.

Mate Rimac, CEO de Bugatti Rimac y fundador de la marca croata de superdeportivos eléctricos Rimac, propone tomar otro camino. En un video publicado en Instagram cuestionó la tendencia de contratar consultores por cientos de millones de euros, para estudiar e imitar las fórmulas de los fabricantes chinos, en lugar de definir qué hace diferente a las marcas europeas. 

Para Rimac, el problema está en intentar competir en los mismos terrenos donde China ya ha ganado ventaja. Las pantallas de gran tamaño, la reducción de botones físicos y las tecnologías de carga rápida son algunas de las características que han ganado protagonismo en los nuevos modelos. Sin embargo, el ejecutivo considera que Europa debería preguntarse si seguir esa misma receta es realmente la mejor forma de conservar su identidad y su posición en el mercado.

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¿Qué están dejando atrás las marcas de automóviles europeas?

Para explicar su planteamiento, Mate Rimac puso como ejemplo el interior del Bentley Arnage, un modelo de lujo que se fabricó entre 1998 y 2009. Su cabina reúne elementos que hoy pueden parecer anticuados frente a las interfaces digitales modernas, con botones e interruptores físicos, salidas de aire robustas, alfombras de pelo negro y acabados en cuero y madera auténticos. 

La clave, según el CEO de Bugatti Rimac, no está en que cada uno de esos elementos sea extraordinario por separado, sino en cómo se combinan para crear una experiencia coherente y distintiva. En lugar de perseguir cada nueva tendencia tecnológica, las marcas europeas podrían reforzar aspectos como los materiales, la calidad de fabricación, la atención al detalle y la personalidad de sus vehículos.

La idea también plantea una pregunta para los fabricantes: ¿deben todos los carros ofrecer prácticamente lo mismo para ser competitivos? Si cada marca intenta replicar las pantallas, los sistemas y las soluciones que popularizan los chinos, corren el riesgo de perder lo que las hace reconocibles. Para Rimac, la respuesta podría estar en dejar de perseguir a China y enfocarse en atributos por los que determinados compradores están dispuestos a pagar más.

 

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Este llamado de atención no apunta a que la industria europea deba ignorar la electrificación. Más bien, propone evitar que la competencia del gigante asiático se convierta en una carrera por copiar cada novedad. Queda por ver si otros directivos escucharon la reflexión de Mate Rimac, coinciden en esa misma visión y deciden tomar su camino propio. 

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Jessica Paola Vera García.