Un Chevrolet Chevette de 1987, con apenas 75 kilómetros en el odómetro, se vendió en subasta al precio de una Equinox nueva de gasolina. ¿Qué más tiene de especial?
Muy popular en su época, el Chevrolet Chevette es uno de esos carros que rara vez se asocia a altos valores entre los coleccionistas. Este modelo, que nació en 1973 como una opción asequible en el mercado, nunca se reconoció por ser lujoso o innovador. Sin embargo, un ejemplar de 1987 con apenas 75 km acaba de venderse en una subasta de la casa Mecum Auctions en Kissimeee, Florida, por 33.000 dólares. Unos 150 millones de pesos colombianos.
La unidad corresponde al último año de producción del Chevette en Estados Unidos, donde su historia fue compleja. Lanzado allí en 1975, fue una respuesta a la crisis del petróleo de los años setenta, cuando los autos compactos y eficientes ganaron popularidad. Ser económico no lo eximió de frecuentes críticas de los estadounidenses por su diseño básico y la baja potencia de su motor, que parecía lánguido frente a los poderosos V6 y V8.
Pero lo que hace especial a este auto no es su diseño, equipo ni desempeño, sino su condición casi intacta que lo hace una rareza internacional. Aunque presenta algunos detalles de desgaste propios del paso del tiempo, como corrosión en el motor, desprendimiento del techo y de los paneles de puertas, su odómetro casi virgen lo convierte en una pieza única, sumamente llamativa para los aficionados.


El Chevrolet Chevette más caro de la historia
Este Chevrolet Chevette de 1987 corresponde a la carrocería hatchback de este auto, con tres puertas, casi como lo conocimos cuando llegó a Colombia. Cuenta con un motor de 1.6 litros, doble carburador y cuatro cilindros, capaz de generar cerca de 65 hp y asociado a una transmisión manual de cuatro velocidades y tracción trasera. Son cifras que parecen modestas, pero en ese tiempo eran suficientes para un auto urbano y económico.
A nivel estético, este Chevette se ve un poco diferente a como los tuvimos en nuestro país. Está pintado en un tono gris metálico y lleva una parrilla frontal con faros cuadrados, así como rines de acero, bumpers metálicos con punteras de caucho y luces traseras alargadas. Tiene un buen estado general, con algunos signos de desgaste como corrosión en los componentes de aluminio del motor y algunos emblemas desgastados.
Mientras tanto, el interior está tapizado en tela gris, con asientos tipo butaca y una consola central muy sencilla, también distinta a la que tenían los Chevette colombianos. En su dotación de serie destacan elementos como un radio AM, arranque inteligente, encendedor, sistema de ventilación de flujo continuo, ventanas traseras abatibles, dirección de piñón y cremallera (sin asistencias), y una lámpara de techo.


Un poco de historia
El Chevrolet Chevette nació en 1973 como parte de un proyecto global de General Motors para ofrecer un auto compacto, eficiente y asequible en varias regiones del mundo. Se fabricó en diferentes versiones y nombres, como Opel Kadett en Europa o Vauxhall Chevette en Reino Unido. En América Latina, y muy especialmente en Brasil, Venezuela y Colombia, se convirtió en un ícono de confiabilidad y bajos costos de mantenimiento.
Para 1975 hizo presencia en Estados Unidos como respuesta a la crisis del petróleo, cuando crecía la demanda de autos pequeños y económicos en ese país. Su motor de cuatro cilindros, con potencias entre 52 hp y 65 hp, era suficiente para el día a día aún cuando sus prestaciones eran limitadas respecto a algunos rivales. Allí, su diseño se adaptó a las normativas de seguridad estadounidenses obligando a incluir bumpers prominentes y faros cuadrados.
A Colombia llegó en 1981, siendo el primer automóvil Chevrolet ensamblado por la extinta Colmotores. Primero lo conocimos en carrocería hatchback de tres puertas, como el de la subasta, pero en octubre de 1983 llegó la variante sedán que logró imponerse en el servicio de taxi, haciéndose ampliamente popular en todo el país. Su producción local cesó en 1993, pero continuó vigente hasta 1996, importado de Ecuador.

Óscar Julián Restrepo Mantilla. Fuente: Mecum.









