Koji Sato, CEO de Toyota, advirtió que la industria china avanza a pasos agigantados, lo que obliga a flexibilizar procesos en eléctrificación para mantener la competitividad.
El liderazgo mundial de Toyota en la industria automotriz enfrenta un nuevo desafío: la creciente presión de los fabricantes chinos. Así lo advirtió Koji Sato, CEO de la marca, quien alertó sobre el riesgo de quedar rezagados si la compañía no ajusta su tradicional modelo de producción.
Durante un encuentro con cientos de proveedores, el directivo fue contundente: “Si no cambian las cosas, no sobreviviremos”. La afirmación refleja un punto de inflexión para Toyota, una empresa que ha construido su éxito sobre estándares de calidad extremadamente rigurosos y procesos altamente optimizados.
La marca japonesa ha sido históricamente referente del llamado “toyotismo”, un sistema de producción basado en eficiencia, bajo inventario y mejora continua. Este modelo, apoyado en la filosofía Kaizen, permitió a la compañía convertirse en el mayor fabricante de automóviles del mundo. En 2025, Toyota superó los 11 millones de automotores producidos, por encima de Volkswagen, que rondó los 9 millones.

Cambio de estrategia
Sin embargo, ese mismo perfeccionismo comienza a ser cuestionado internamente. Según reportes del sector, la compañía ha llegado a rechazar piezas por defectos mínimos, como pequeñas arrugas en resinas o ligeras decoloraciones en componentes que no afectan el funcionamiento del carro y que incluso permanecen ocultos al usuario final.
Ahora, la estrategia apunta a cambiar. Sato ha pedido a sus proveedores mayor flexibilidad para reducir costos y acelerar los tiempos de producción, en un intento por competir con fabricantes chinos que operan con estructuras más ágiles y menos rígidas.
El desafío es aún mayor en el segmento de carros eléctricos. Estudios recientes de consultoras especializadas han señalado que Toyota arrastra prácticas heredadas de los autos de combustión en el diseño de eléctricos, lo que encarece y ralentiza su fabricación. Por ejemplo, el uso de refuerzos de acero para minimizar vibraciones, una necesidad en motores tradicionales, resulta menos relevante en carros eléctricos.

Diseños simples
En contraste, compañías chinas y firmas como Tesla han optado por diseños más simples, con mayor uso de materiales livianos como plásticos, lo que reduce costos, peso y tiempos de ensamblaje. “El cliente medio ni siquiera ve estas piezas”, explicó Shoji Nishihara, gerente de compras del departamento de desarrollo de vehículos de Toyota, al justificar la necesidad de replantear los estándares de producción sin comprometer la calidad esencial del producto.
El trasfondo de esta transformación es claro: la industria automotriz global atraviesa una transición acelerada hacia la electrificación, donde la velocidad de innovación y la eficiencia en costos se han vuelto determinantes. China, en particular, ha ganado terreno con fabricantes que producen carros eléctricos a gran escala y a precios competitivos.
Para Toyota, el reto consiste en encontrar un equilibrio entre mantener su reputación de fiabilidad, una de las más altas del sector, y adaptarse a un entorno donde la rapidez y la reducción de costos son clave para sobrevivir. Este cambio de enfoque podría marcar el inicio de una nueva etapa para la compañía japonesa, que busca no quedarse atrás en una carrera tecnológica que avanza a toda velocidad.
Paola Reyes Bohórquez. Con información de Xataka.








