Mitsubishi decidió mirar atrás y resucitar uno de los modelos más icónicos de su historia: el Montero con el que ganó el Rally París-Dakar de 1985.
El Mitsubishi Montero es uno de los modelos más emblemáticos en la historia del todoterreno, no solo por su longevidad en distintos mercados, sino por el prestigio que construyó en las competencias más exigentes del mundo. Mucho antes de que los SUV dominaran las vitrinas, el Montero ya era sinónimo de resistencia, confiabilidad y capacidad real fuera del asfalto, cualidades que lo convirtieron en un referente global y en un pilar de la imagen deportiva de Mitsubishi.
En ese escenario, Mitsubishi supo consolidarse como una referencia en las competencias fuera del asfalto. Muchos recuerdan a la marca japonesa por los Lancer Evolution del Grupo A y del WRC, por la era dorada con Tommi Mäkinen o por la histórica victoria de Jutta Kleinschmidt en el Dakar. Sin embargo, su legado en los rallies comenzó mucho antes.
Antes de convertirse en un nombre habitual en el Mundial de Rally, Mitsubishi ya había dejado huella en la prueba más dura del mundo. En 1985, la marca de los tres diamantes consiguió su primera victoria en el Rally París-Dakar, sentando las bases de una relación histórica entre el Pajero, conocido como Montero en varios mercados, y el desierto.


La hazaña del Mitsubishi Montero
La hazaña se logró con un Mitsubishi Pajero de fábrica, pilotado por Patrick Zaniroli y Jean da Silva, en una edición especialmente exigente: 10.284 kilómetros de recorrido total, de los cuales 7.487 fueron cronometrados. La carrera arrancó el 1 de enero en Versalles y concluyó el 22 del mismo mes en Dakar, a orillas del mítico Lago Rosa, con doblete incluido para la marca japonesa.
Tras la victoria, el vehículo fue enviado de regreso a Japón y terminó almacenado durante años en el departamento de investigación y desarrollo de Mitsubishi. Aunque era un símbolo de orgullo interno, con el paso del tiempo quedó relegado al olvido, permaneciendo aparcado y fuera de la vista del público durante décadas.
Lejos de ser un 4×4 convencional, este Pajero de primera generación contaba con profundas modificaciones técnicas. El eje delantero fue desplazado para mejorar el reparto de peso, mantuvo el chasis de largueros del modelo de calle y utilizó un motor 2.6 turbo de cuatro cilindros que alcanzaba los 225 caballos de potencia, asociado a una caja manual de cinco velocidades y capaz de llegar a 185 km/h.


¿Cuáles fueron los cambios?









