Desde este 1 de diciembre, el gas natural vehicular en Colombia tuvo un ajuste en su tarifa, lo que impacta a más de 645.000 vehículos.

El fin de año trae malas noticias para quienes utilizan gas natural vehicular en Colombia. Y es que el precio del GNV subió oficialmente desde este 1 de diciembre, en lo que representa una presión directa sobre taxis, transporte público, camiones de carga y hogares que dependen de este combustible.

De acuerdo con fuentes consultadas por El Colombiano, este incremento ya se anticipaba desde hace semanas. Y es que los contratos que aseguraban tarifas bajas vencían a finales de noviembre, mientras que el valor del gas importado se ha disparado. En consecuencia, los distribuidores comenzaron a trasladar esos costos elevados a los usuarios finales. El panorama afecta de lleno a más de 645.000 vehículos que utilizan GNV en el país.

El exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, fue claro al respecto cuando advirtió que “el precio del gas vehicular tendrá un incremento del 30 %, principalmente en el interior del país y en el Valle del Cauca. Este golpeará tarifas, fletes y también a los usuarios domiciliarios”. Según dijo, la subida no se limita solo al transporte, los usuarios residenciales también sentirán el impacto, especialmente en regiones que ya enfrentaron alzas previas.

Primeros afectados

En el Valle del Cauca, por ejemplo, las primeras estaciones de servicio ya reportan incrementos cercanos al 30 %, lo que equivale, según reportes internos, a un alza de aproximadamente 900 pesos por metro cúbico de gas. Este ajuste, sumado al aumento en los costos de importación y transporte, pone en jaque la ventaja económica que muchos conductores, empresas de carga y transporte público encontraban en el GNV.

Fuentes de comercializadoras de gas indicaron que la situación es crítica. Uno de los directivos consultados por el medio explicó que los nuevos contratos ya no se firman por años como antes, sino que ahora son por tres meses o incluso por semanas, lo que genera una gran inestabilidad y volatilidad en los precios. En algunos casos, alertó, “el incremento podría alcanzar hasta un 40 %”, dependiendo del distribuidor y del costo logístico del transporte del gas.

El impacto recaerá primero en los sectores más vulnerables a la variación del precio, es decir, unos 87.000 taxistas que usan GNV, cerca de 1.500 camiones de carga convertidos al gas, sistemas de transporte público en ciudades medianas como Cartagena o Valledupar, y cerca del 30 % del parque del servicio integrado de transporte público, SITP, en Bogotá. Las empresas de mensajería, distribución y logística también se verán afectadas, pues muchas migraron al GNV atraídas por su bajo costo operativo.

Gas Natural Vehicular, GNV

GNV más caro

Para los hogares, especialmente en regiones donde el GNV también se usa para uso doméstico, la subida podría sentirse entre finales de enero y febrero, cuando las facturas reflejen los nuevos costos. Hay que anotar que este ajuste tiene su origen en una combinación de factores estructurales: la clausura de contratos preferenciales, la creciente dependencia de gas importado, los mayores costos de transporte y logística, y la escasa garantía de suministro barato por parte de proveedores.

En Colombia, la importación de gas ha aumentado en los últimos años, lo que incrementa la vulnerabilidad del GNV frente a las fluctuaciones internacionales. Sin embargo, no todas las regiones enfrentarán el mismo impacto. En Antioquia, especialmente en el Valle de Aburrá, representantes del sector han asegurado que, gracias a nuevos contratos firmados recientemente por los distribuidores locales, el suministro de gas está garantizado para 2026 y que por ende el precio del GNV no sufrirá un aumento inmediato.

¿Mala inversión?

Aunque el alza del GNV representa un revés para muchos usuarios, el gas sigue siendo reconocido por sus beneficios ambientales. Así, gremios del sector han indicado que el uso del GNV permite eliminar material particulado, reducir CO2 y disminuir hasta en 75 % los óxidos de nitrógeno en comparación con combustibles fósiles tradicionales. No obstante, con los nuevos precios, esa ventaja económica que impulsó su adopción podría erosionarse, dejando el GNV en una posición menos competitiva frente al diésel o la gasolina.

El ajuste también repercute en la percepción de quienes invirtieron en flotas convertidas al gas. En tal sentido, para un transportador de carga, por ejemplo, el ahorro frente al diésel, que antes podía superar el 40 %,  ya no estaría garantizado. En un contexto en que los costos operativos y de mantenimiento aumentan, muchos analistas del sector señalan que las decisiones de inversión en tecnologías limpias requieren ahora un análisis más cuidadoso, dado el riesgo de cambios abruptos en los precios del suministro.

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Paola Reyes Bohórquez.