Un estudio de Georgia Tech indicó que la adopción masiva de carros eléctricos podría reducir el gasto energético de los hogares en más del 6% para 2035. También bajaría el precio de la gasolina.

Durante años, la conversación alrededor de los carros eléctricos se ha reducido a dos extremos: quienes los ven como una gran alternativa ecológica para el planeta y quienes los consideran un lujo para unos pocos. Pues bien, un estudio publicado en la revista Energy Policy por investigadores del Georgia Institute of Technology acaba de meterle un golpe a esa discusión y poner sobre la mesa un argumento mucho más terrenal: la electrificación del transporte es, ante todo, una herramienta económica con impacto directo en el bolsillo de los ciudadanos.

El análisis señala que, si la adopción de vehículos eléctricos se masifica hacia 2035, el gasto energético doméstico podría reducirse en más de 6%, marcando un cambio relevante en la economía cotidiana. En tal sentido, uno de los efectos más claros del crecimiento de los autos eléctricos es la reducción en la demanda de gasolina.

Según el estudio, esto provocaría una caída superior al 4% en el precio en surtidor, beneficiando incluso a quienes aún usan carros de combustión. El fenómeno es sencillo: menos consumo de gasolina reduce la presión sobre el mercado del petróleo, lo que termina bajando los precios.

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Baja en el precio

Este cambio también impactaría el comercio energético. Se estima que las importaciones de petróleo caerían alrededor de 7%, lo que fortalecería la seguridad energética de los países. Al mismo tiempo, el petróleo que no se consuma internamente podría destinarse a exportación, generando un aumento cercano al 4% en los ingresos energéticos.

El estudio destaca un punto clave: el llamado “efecto dominó” de la electrificación. El crecimiento del mercado de vehículos eléctricos impulsa directamente la innovación en baterías. Esto no solo mejora los carros, sino que también fortalece el sistema eléctrico en general.

Con baterías más eficientes y económicas, se facilita el almacenamiento de energía renovable, permitiendo guardar electricidad en momentos de alta producción (como cuando hay exceso de energía solar) y usarla cuando se necesita. Este proceso podría incluso estabilizar o reducir ligeramente el costo de la electricidad doméstica, compensando el mayor consumo derivado de cargar vehículos eléctricos.

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Impacto social

Uno de los hallazgos más interesantes de la investigación es que los beneficios no se limitan a quienes compran vehículos eléctricos. Los hogares de mayores ingresos podrían reducir su gasto energético en aproximadamente 6,4%, mientras que los de menores ingresos, que probablemente seguirán usando carros de combustión por más tiempo, podrían ahorrar hasta 6,6%.

Esto demuestra que la electrificación del transporte puede tener un efecto redistributivo positivo, ya que la reducción en el precio de la gasolina beneficia a toda la población. Pero, a pesar de los beneficios proyectados, el estudio advierte que estos resultados dependen directamente de las políticas públicas.

Incentivos a la compra, regulaciones de emisiones y estándares de eficiencia serán claves para acelerar la transición. Sin estos elementos, el crecimiento del mercado eléctrico podría desacelerarse. En mercados como EE.UU. la eliminación de incentivos ha generado incertidumbre, mientras que en Europa se mantienen metas ambiciosas, como la prohibición de venta de autos a combustión a partir de 2035. Esto deja claro que la transición energética no ocurre de manera automática, sino que requiere dirección y consistencia en las decisiones gubernamentales.

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Paola Reyes Bohórquez.