El parque de vehículos eléctricos en Bogotá se multiplicó por cinco, pero el Distrito solo tiene 15 cargadores públicos y no hay plan de contingencia.
La movilidad eléctrica se ha convertido en una de las grandes apuestas de Bogotá durante los últimos años. Sin embargo, el rápido crecimiento de los carros eléctricos e híbridos enchufables en circulación está dejando en evidencia un problema de fondo: la infraestructura y la planeación energética parecen avanzar mucho más lento que la adopción de esta tecnología.
Esta alerta fue lanzada por la bancada del Partido Mira en el Concejo de Bogotá, luego de conocer respuestas oficiales de la Secretaría Distrital de Movilidad que revelan que la ciudad no ha realizado una evaluación propia sobre la capacidad energética local para soportar la creciente demanda de carga de vehículos eléctricos. Tampoco cuenta con un análisis sobre los efectos que podría generar un eventual racionamiento o una contingencia en el suministro de energía.
El tema cobra relevancia si se tiene en cuenta la velocidad con la que ha crecido este segmento. Según datos del Registro Distrital Automotor, Bogotá pasó de tener 23.654 vehículos eléctricos e híbridos enchufables matriculados en 2022 a 120.372 unidades en 2026. Es decir, el parque de automotores electrificados se multiplicó más de cinco veces en apenas cuatro años.

Red de carga rezagada
A pesar de ese crecimiento, la infraestructura pública de carga administrada por el Distrito sigue siendo limitada. De acuerdo con la denuncia presentada por el concejal Fabián Puentes Sierra, actualmente existen apenas 15 cargadores públicos instalados por la administración distrital, distribuidos en solo cinco de las 20 localidades de Bogotá.
La situación se complica aún más porque la propia Secretaría de Movilidad reconoció que no consolida ni publica un inventario actualizado de los puntos de carga existentes en la ciudad. En consecuencia, el Distrito no dispone de información centralizada sobre la ubicación, capacidad operativa o estado de los cargadores públicos y privados. Tampoco existen metas cuantificables para ampliar esta infraestructura durante 2026 y 2027, ni cronogramas o presupuestos definidos para ese propósito.
Según la información entregada por la entidad, la continuidad del servicio de carga depende del Sistema Interconectado Nacional y de organismos como la Unidad de Planeación Minero Energética, UPME, el Ministerio de Minas y Energía y los operadores de red. Pero, no existe un estudio específico que permita determinar los riesgos asociados a la movilidad eléctrica en Bogotá ante posibles restricciones energéticas.

Incentivos sí, planificación aún pendiente
“No se puede incentivar la compra de vehículos eléctricos sin saber si hay energía para cargarlos. Hoy el Distrito no sabe cuántos cargadores existen realmente, no tiene metas para ampliarlos y tampoco garantiza respaldo ante una eventual falla en el servicio”, afirmó Puentes Sierra, quien calificó la estrategia actual como una política “improvisada” y sin una hoja de ruta clara.
Paradójicamente, Bogotá continúa promoviendo activamente la electrificación del transporte mediante diversos beneficios. Entre ellos figuran descuentos del 60% en el impuesto vehicular durante los primeros cinco años para carros eléctricos particulares nuevos, así como rebajas del 70% para taxis eléctricos. Sumado a lo anterior, estos vehículos están exentos de la restricción de Pico y Placa.
No obstante, para los críticos de la política actual, los incentivos han avanzado más rápido que la infraestructura necesaria para respaldarlos. Otro aspecto que genera preocupación es la falta de información sobre sistemas de respaldo energético en las estaciones de carga existentes. La Secretaría indicó que los operadores deberían contar con planes de contingencia, pero no precisó cuántas estaciones podrían seguir funcionando ante cortes o restricciones eléctricas.

Capacidad energética de Bogotá
Ante este escenario, el Partido Mira solicitó al Distrito publicar una evaluación de la capacidad energética real de la ciudad, consolidar un inventario oficial de cargadores, establecer metas concretas de expansión para los próximos años y desarrollar un mapa de brechas que permita priorizar localidades con baja cobertura, especialmente en el sur de Bogotá.
La discusión llega en un momento clave para la capital. Mientras cada vez más ciudadanos optan por vehículos eléctricos atraídos por los beneficios tributarios y ambientales, la ciudad enfrenta el desafío de demostrar que su infraestructura energética está preparada para acompañar esa transformación.
Paola Reyes Bohórquez.









