Francia y España renovaron su respaldo a la eliminación de la venta de carros nuevos a combustión para 2035 en la Unión Europea. Alemania impulsa un cambio de rumbo.
Francia y España se unieron para dejar clara su postura frente a uno de los temas más sensibles de la agenda climática europea: la prohibición de vender automóviles nuevos con motor de combustión interna a partir de 2035. Aunque la medida fue aprobada hace varios años por la Unión Europea, su cumplimiento está siendo cuestionado por Alemania, que intenta modificar o aplazar la fecha límite.
La normativa, considerada la pieza más emblemática del Pacto Verde Europeo, busca lograr que para 2035 todos los vehículos nuevos que circulen por el territorio comunitario sean de cero emisiones. Sin embargo, en los últimos meses ha crecido la presión de los fabricantes de automóviles, quienes piden una revisión más flexible de las normas ambientales, argumentando que el ritmo de la transición hacia la electromovilidad resulta “demasiado exigente” para el sector.
Por ahora, la Comisión Europea se mantiene firme. La legislación vigente establece una reevaluación de la medida en 2026, con el propósito de examinar sus efectos económicos e industriales. No obstante, ante las presiones crecientes, Bruselas prometió reabrir la discusión a finales de este año para escuchar las propuestas de los Estados miembros y de la industria automotriz.

Alemania presiona
El debate tomó un giro político a comienzos de octubre, cuando el canciller alemán se comprometió públicamente a “hacer todo lo posible” para levantar la prohibición de los motores de combustión en 2035, desatando la polémica en el bloque. La posición alemana, respaldada por parte de su poderoso sector automotor, contrasta con la de París y Madrid, que defienden mantener el calendario acordado y evitar un retroceso en los compromisos climáticos.
En una carta conjunta revelada por Contexte y confirmada por AFP, ambos gobiernos europeos fueron contundentes diciendo que la revisión que prevé la Comisión Europea “no deberá en ningún caso poner en duda el objetivo de cero emisiones para 2035”.
Y es que, en el documento, Francia y España califican ese plazo como “un punto de referencia esencial para el sector automovilístico”, recordando que las empresas ya han realizado grandes inversiones en electrificación basadas en ese horizonte temporal.

Si bien reconocen la necesidad de introducir “ciertas flexibilidades”, aclaran que estas solo deberían aplicarse si benefician directamente a la industria automovilística europea, evitando concesiones que favorezcan a fabricantes externos o que retrasen la descarbonización. “El futuro de la movilidad europea debe seguir una ruta clara, sostenible y competitiva”, señalaron fuentes diplomáticas citadas por la AFP.
Paola Reyes Bohórquez.






