El precio de los vehículos nuevos en Estados Unidos se ha disparado más de 30 % desde 2020, empujando a las familias a financiar sus carros a plazos de hasta 100 meses.
En Estados Unidos tener carro no es un lujo, sino casi una obligación. Las largas distancias, baja cobertura del transporte público en muchas ciudades y dependencia histórica del automóvil hacen que comprar vehículo sea una decisión clave para millones de hogares. Sin embargo, en los últimos años, ese paso se ha vuelto cada vez más cuesta arriba para el bolsillo de los estadounidenses.
Entre 2020 y la actualidad, el precio de los carros nuevos en EE. UU. ha aumentado cerca de un 33 %, un salto que ha cambiado por completo la forma en que se financian. Pasar de cuotas mensuales cercanas a los 300 dólares a pagos que hoy rondan los 760 dólares se ha vuelto una realidad difícil de asumir para muchas familias de clase media, lo que ha abierto la puerta a créditos cada vez más largos.
Datos de Kelley Blue Book, citados por The Wall Street Journal, muestran que el precio promedio de un vehículo nuevo pasó de estar por debajo de los 38.000 dólares a comienzos de 2020 a superar los 50.000 dólares en los últimos meses. Este aumento no es casual. La pandemia rompió cadenas de suministro, redujo inventarios y elevó costos de producción, mientras que factores políticos y comerciales, como la expectativa de nuevos aranceles impulsados por Donald Trump, también han presionado los precios al alza.

Créditos más amplios
Ante ese escenario, los consumidores han optado por estirar los plazos de financiación. Según cifras de Experian, durante el tercer trimestre del año un tercio de las compras de autos nuevos se hizo con créditos a seis años o más. Los préstamos a 72, 85 o incluso 96 meses ya no son una rareza, y aunque los créditos de 100 meses o más siguen siendo excepcionales, empiezan a aparecer, sobre todo en la compra de camionetas grandes, un segmento muy popular en varios estados del país.
Sin embargo, alargar el crédito no siempre significa pagar menos. El mismo Wall Street Journal ilustró el dilema con un ejemplo claro: un préstamo de 50.000 dólares al 5 % de interés, a cinco años, implica una cuota mensual cercana a los 950 dólares y unos 6.600 dólares en intereses. Si ese mismo crédito se extiende a 100 meses, la cuota baja a unos 600 dólares mensuales, pero el costo total de intereses se dispara hasta los 11.000 dólares. Es decir, se alivia el pago mensual, pero se paga mucho más a largo plazo.

Búsqueda de alternativas
Frente a este panorama, muchos compradores buscan alternativas. Regatear precios, optar por marcas con modelos más económicos o revisar catálogos que aún se mantienen por debajo de los 50.000 dólares, como ocurre con parte de la oferta de Jeep, se ha vuelto una estrategia común. A esto se suma un debate político creciente: el propio Donald Trump ha planteado la necesidad de facilitar la entrada de vehículos más baratos al mercado, incluso si no cumplen con todos los estándares federales de seguridad, una idea que ha generado controversia entre expertos y autoridades.
El encarecimiento de los carros nuevos no solo está cambiando la forma de comprar, sino también el perfil de endeudamiento de los hogares estadounidenses. Lo que antes era un crédito razonable a cinco años hoy se transforma en compromisos financieros que se extienden casi una década, reflejo de un mercado automotor cada vez más costoso y menos accesible.
Paola Reyes Bohórquez.








