Aunque el hurto de vehículos bajó un 10,3 % en Bogotá en 2026, las autoridades alertan sobre el aumento de la violencia y los modelos más codiciados.

Las cifras oficiales muestran una reducción en el hurto de vehículos en Bogotá durante 2026, pero recientes hechos violentos han llevado al Concejo Distrital a pedir acciones más contundentes contra las organizaciones criminales dedicadas a este delito. Aunque los registros de robos van a la baja, la preocupación se concentra ahora en la agresividad con la que están actuando algunos delincuentes y en los mercados ilegales que siguen alimentando esta actividad.

De acuerdo con datos de la Policía Metropolitana de Bogotá y la Secretaría de Seguridad, entre enero y junio se registraron 1.438 casos de hurto de vehículos, frente a los 1.604 reportados durante el mismo periodo de 2025, lo que representa una disminución del 10,3 %. El comportamiento es similar en motocicletas, con 2.057 robos frente a los 2.184 contabilizados un año atrás, equivalente a una reducción del 5,8 %.

Sin embargo, desde el Concejo de Bogotá consideran que las cifras no cuentan toda la historia. La concejal Andrea “Tata” Hernández advirtió que detrás de cada caso hay familias afectadas por la pérdida de su patrimonio y alertó sobre el aumento de la violencia asociada a estos hechos. La preocupación se intensificó tras el asesinato de un conductor de plataforma en el norte de la ciudad luego de ser víctima del robo de su vehículo, un caso que volvió a encender las alarmas sobre la peligrosidad de estas estructuras criminales.

Negocio detrás del robo de vehículos

Según la cabildante, en poco más de seis meses se han registrado 1.424 carros y 2.068 motocicletas hurtadas, lo que equivale a un promedio cercano a siete vehículos y 11 motos robadas cada día. Por ello, pidió a la Secretaría de Seguridad y a la Policía Metropolitana reforzar los operativos de choque, aumentar las labores de inteligencia e intervenir los puntos de mayor incidencia delictiva.

En una entrevista concedida a El Tiempo, el secretario de Seguridad de Bogotá, César Restrepo, explicó que la estrategia de la administración se ha enfocado en fortalecer las capacidades operativas y atacar los mercados ilegales que hacen rentable este delito. Según el funcionario, mientras continúen existiendo redes para comercializar autopartes, celulares y otros bienes robados, será difícil erradicar completamente estas actividades criminales.

Precisamente, una de las principales solicitudes del Concejo consiste en intensificar los operativos contra los establecimientos y redes clandestinas dedicadas a la venta de autopartes de origen ilegal. Las autoridades consideran que estas estructuras representan una de las principales fuentes de ingresos para las bandas que operan en la ciudad.

Kennedy, la más afectada

Las estadísticas oficiales muestran que Kennedy continúa siendo la localidad con más hurtos de vehículos en Bogotá, con 248 casos reportados durante el primer semestre del año. Le siguen Engativá (174), Suba (123), Puente Aranda (108) y Ciudad Bolívar (107).

En motocicletas se repite una tendencia similar. Kennedy encabeza la lista con 345 casos, seguida por Ciudad Bolívar (194), Bosa (185), Engativá (172), Rafael Uribe Uribe (151) y Suba (135). Contrastando estas cifras aparece La Candelaria con apenas tres casos de hurto de automotores, seguida por Santa Fe (20), Chapinero (27), Antonio Nariño (29) y Usme (40).

Modelos más apetecidos

De acuerdo con información conocida por EL TIEMPO, algunas camionetas de alta gama permanecen entre los principales objetivos de las bandas dedicadas al hurto debido a su valor comercial y la demanda de repuestos en el mercado ilegal. Entre ellas figuran la Mazda CX-5, Mazda CX-30, Toyota Fortuner, Toyota TXL, Ford Explorer y Kia Sportage LX.

Según el mismo reporte, entre los automóviles particulares más afectados también aparecen modelos como Kia Picanto, Chevrolet Spark y varios modelos Renault. Su amplia presencia en las calles facilita la comercialización ilegal de piezas y acelera los procesos de desmantelamiento, convirtiéndolos en objetivos frecuentes para estas organizaciones.


Paola Reyes Bohórquez. Con información de El Tiempo.