Las ventas de carros eléctricos no paran de crecer, pero cargar uno en el país ya puede tomar horas. La infraestructura no está dando abasto.
La movilidad eléctrica en Colombia avanza con fuerza, pero empieza a encontrarse con su mayor obstáculo: la falta de puntos de carga. Mientras cada vez más personas compran vehículos eléctricos, la red disponible no crece al mismo ritmo y ya muestra señales claras de saturación.
En 2025 se vendieron 19.724 vehículos eléctricos nuevos, según cifras de la ANDI y Fenalco. Con esto, el parque total en el país ronda los 40.000 automotores de este tipo, consolidando un crecimiento sostenido a doble dígito en los últimos años.
El problema aparece cuando se mira la infraestructura. Colombia cuenta actualmente con apenas 229 puntos de carga pública, de acuerdo con datos del Ministerio de Minas y Energía y Andemos. Esto deja una relación de un cargador por cada 174 vehículos, una cifra que, más allá del número, ya se traduce en dificultades reales para los usuarios.

Rezago en infraestructura de carga
La comparación internacional deja aún más claro el rezago. La Agencia Internacional de Energía plantea como referencia una proporción cercana a un cargador por cada 10 carros eléctricos para garantizar una cobertura adecuada. Colombia está muy lejos de ese punto, y la diferencia ya se siente en el día a día.
En redes sociales, especialmente en TikTok, los testimonios se repiten: conductores que esperan entre cuatro y seis horas para poder recargar, estaciones ocupadas durante largos periodos y problemas para encontrar conectores compatibles. Lo que hace poco era una experiencia fluida para los primeros usuarios, hoy empieza a convertirse en un dolor de cabeza.
“Hace un año cargar era fácil, hoy uno puede pasar horas esperando”, comenta un conductor reseñado por El Colombiano. Otro resume el sentimiento general: “La tecnología es increíble, pero encontrar dónde cargar es casi imposible”. Estas experiencias reflejan que el problema ya no es teórico, sino tangible.

Freno al mercado
Expertos advierten que esta situación puede frenar el crecimiento del mercado. Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, explicó al medio regional que: si el usuario no tiene certeza sobre dónde y cuándo podrá cargar su vehículo, la decisión de compra se enfría. En otras palabras, la falta de infraestructura puede impedir que la movilidad eléctrica deje de ser un fenómeno de “pioneros” y se convierta en una opción masiva.
Este punto es clave. Colombia ha logrado despertar interés por los vehículos eléctricos gracias a incentivos, beneficios tributarios y una oferta cada vez más amplia. Sin embargo, el éxito de esta transición no depende solo de vender más carros, sino de garantizar que puedan usarse sin fricciones en la vida diaria.
A nivel global, los países que lideran la electrificación han entendido esa lógica: el crecimiento de vehículos y de infraestructura debe ir de la mano. Cuando uno avanza más rápido que el otro, aparecen cuellos de botella como el que hoy enfrenta Colombia. El reto ahora es acelerar la instalación de nuevos puntos de carga, tanto públicos como privados, y mejorar la interoperabilidad entre sistemas. De lo contrario, el entusiasmo por lo eléctrico podría empezar a enfriarse justo en el momento en que más impulso tiene.
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Paola Reyes Bohórquez. Con información de El Colombiano.






