En un giro inesperado, Donald Trump invitó a fabricantes chinos como BYD a competir en EE.UU., pero con una regla clara: deben construir plantas locales y contratar estadounidenses.

El tablero del mercado automotor mundial podría estar a punto de cambiar. En medio de la guerra comercial que Estados Unidos libra con buena parte del mundo, Donald Trump dejó un mensaje que nadie esperaba escuchar: los fabricantes chinos de autos son bienvenidos en Estados Unidos, siempre y cuando jueguen bajo sus reglas.

La declaración se da en un contexto especialmente sensible para la industria. Aranceles a Japón, Reino Unido, Unión Europea, Canadá y México, sumados a múltiples restricciones comerciales, han obligado a las marcas a reubicar fábricas, ajustar márgenes, replantear cadenas logísticas e invertir directamente en suelo estadounidense para poder mantenerse competitivas. El sector automotor ha sido uno de los más golpeados por estas decisiones.

Hasta ahora, China ha sido prácticamente invisible en el parque automotor estadounidense. Mientras Tesla logra buenos resultados en el gigante asiático, la historia es completamente distinta al otro lado del Pacífico. Los fabricantes chinos se han encontrado con un muro casi infranqueable.

Hyundai y Trump

Cambio de discurso

En el pasado, Estados Unidos llegó a imponer aranceles de hasta el 100 % a productos provenientes de China, incluidos los vehículos. El resultado es evidente: son mínimas las unidades de origen chino que circulan hoy por las vías de EE. UU. A esto se suma la conocida postura de Trump frente a la electrificación, los subsidios y los estímulos para acelerar la adopción de nuevas tecnologías.

No obstante, algo parece haberse movido. Durante una intervención en el Club Económico de Detroit, Trump sorprendió al sector con un mensaje que, aunque mantiene el tono proteccionista, abre una oportunidad inédita para marcas como BYD, Geely o Xiaomi.

El presidente fue claro: no tiene nada contra las compañías chinas, pero dejó una condición innegociable. Si quieren vender carros en Estados Unidos, no podrán importarlos desde China. La única vía posible será fabricarlos directamente en territorio estadounidense, contratar mano de obra local y generar empleo dentro del país.

BYD planta Nissan México 2025

Mayor oferta de carros

Trump incluso calificó como algo positivo que marcas chinas entren al mercado, al considerar que ampliarían la oferta, aumentarían la competencia y presionarían a las marcas tradicionales estadounidenses. “Si quieren venir, construir una planta y contratarte a ti, a tus amigos y a tus vecinos, ¡genial! Me encanta. Que venga China, que venga Japón”, afirmó Trump, dejando una de las frases más llamativas de su discurso.

La propuesta no suena tan descabellada si se mira lo que ya está ocurriendo. BYD, por ejemplo, ya cuenta con plantas de producción fuera de China, específicamente en Hungría y Brasil, una estrategia que le permite reducir costos, evitar aranceles y adaptarse a las reglas de cada mercado.

Replicar ese modelo en Estados Unidos podría ser tentador, sobre todo si se tiene en cuenta que el país norteamericano es el segundo mercado automotor más grande del mundo, solo superado por China. Para los fabricantes chinos, estar presentes allí no es solo un objetivo comercial, sino una jugada estratégica de largo plazo.

BYD Seagull eléctrico ensamblado en Brasil

Los chinos lo piensan

El ambiente comienza a acomodarse. Durante la reciente edición del CES 2026, el evento de tecnología más importante del mundo celebrado en Las Vegas, varias compañías chinas dejaron claro que Estados Unidos está en su radar.

Marcas como Geely estuvieron presentes y confirmaron que trabajan activamente en su ingreso al mercado norteamericano en los próximos años, una señal que refuerza la idea de que el mensaje de Trump no fue improvisado, sino parte de un escenario que empieza a tomar forma.

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Paola Reyes Bohórquez.