Desde el pasado 1 de septiembre, Jaguar Land Rover detuvo su producción mundial, generando pérdidas millonarias y provocando el colapso inminente de proveedores.

Jaguar Land Rover, JLR, dueño de marcas icónicas como Range Rover, Discovery, Defender y Jaguar, se encuentra en medio de una crisis múltiple. A los desafíos ya existentes, una reinvención total hacia la electromovilidad, un rebranding que no ha sido bien recibido, y la salida reciente del CEO Adrian Mardell, se le añade ahora un golpe tecnológico devastador.

Y es que, el pasado 1 de septiembre, fue víctima de un ciberataque masivo, el cual lo ha obligado a paralizar la producción en todas sus plantas a nivel global. El fabricante automotriz aún no tiene fecha definitiva para reactivar por completo sus operaciones.

La interrupción no ha sido menor. Se estima que JLR está perdiendo entre £5 millones y £10 millones diarios (unos USD$6,8 a USD$13,6 millones) por cada jornada en la que sus líneas de montaje estén detenidas. Las plantas más afectadas se encuentran en Reino Unido: Halewood, Solihull, la fábrica de motores en Wolverhampton y la planta de piezas en Castle Bromwich. Además de instalaciones en China, India y Eslovaquia. En total, unos 33.000 empleados han sido enviados a sus casas, al menos temporalmente.

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El ciberataque

El ataque también ha generado graves efectos en la cadena de suministro minorista. Muchos proveedores ya están siendo afectados al no poder facturar autopartes, recibir pedidos ni continuar sus servicios normales, lo que ha provocado advertencias de insolvencia e incluso quiebras de compañías más pequeñas que dependían directamente del flujo de producción de JLR.

Paralelamente, debido al momento elegido por los atacantes, el daño se amplifica. El incidente ocurrió justo el 1 de septiembre, el famoso “new plate day” en Reino Unido, jornada clave para los concesionarios al inscribir vehículos nuevos. Ese día los concesionarios de JLR no pudieron registrar autos nuevos, lo que escaló rápidamente el problema hasta que la empresa decidió apagar sistemas críticos para contener la filtración, apagando tanto producción como sistemas de TI. Con ello también quedaron bloqueados los sistemas de registro de concesionarios y distribución.

Respecto a la responsabilidad, un grupo autodenominado Scattered Lapsus$ Hunters, una coalición que amalgama nombres como Scattered Spider, Lapsus$ y ShinyHunters, ha reclamado públicamente la autoría. Este colectivo habría publicado capturas de pantalla del sistema interno SAP de JLR y asegurado haber desplegado ransomware en algunos servidores comprometidos.

JLR inicialmente afirmó que no había evidencias de robo de datos, pero más tarde revisó esa posición. Así, admitió que “some data had been affected” (“algunos datos se han visto afectados”) y ha notificado a las autoridades competentes.

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Daño a fondo

La paralización, que se esperaba originalmente que durara poco, ahora se ha extendido al menos hasta el 24 de septiembre de 2025. Analistas advierten que una recuperación total podría tardar aún más, pues reconstruir los sistemas, volver a poner en línea las operaciones globales y resarcir los efectos en proveedores llevará semanas, si no meses.

En cuanto al impacto económico, aparte de las pérdidas diarias millonarias, se calcula que la cadena de suministro británica relacionada con JLR da trabajo directo e indirecto a 104.000 personas. Así mismo, se habla de que si la producción no se normaliza pronto, la suma total de ingresos perdida podría ascender a miles de millones de libras. Expertos estiman que se dejarán de producir alrededor de 1.000 vehículos por día solo en las plantas del Reino Unido.

Parlamentarios británicos ya están exigiendo al gobierno medidas urgentes para evitar una crisis de liquidez que provoque despidos masivos y cierre de proveedores. Existe presión para que haya un programa de ayuda que cubra no solo a JLR, sino a las pequeñas empresas que dependen de ella.

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Paola Reyes Bohórquez.