El auge del mercado de baterías para carros eléctricos posiciona a Colombia como posible destino de millonarias inversiones en una de las industrias estratégicas de la transición energética.

Colombia se perfila como un país con alto potencial para la producción de baterías de vehículos eléctricos en medio de la expansión histórica de esta industria a nivel mundial. El escenario abre oportunidades para atraer inversión industrial, desarrollar capacidades tecnológicas y participar en una de las cadenas de mayor valor agregado del proceso de transición energética.

El crecimiento global explica este interés. La movilidad eléctrica dejó de ser una promesa para convertirse en uno de los principales motores de transformación industrial del planeta. Según el informe Global EV Outlook de la Agencia Internacional de Energía, el año pasado se vendieron más de 20 millones de vehículos eléctricos en el mundo, cifra que elevó su participación a cerca del 20% de las ventas globales de autos nuevos.

Paralelamente, la demanda de baterías superó los 550 GWh, consolidando un mercado que ya sobrepasa los US$85.000 millones a nivel global. El crecimiento del mercado también está respaldado por la reducción en los costos de producción. El mismo reporte y análisis de BloombergNEF señalan que en 2025 el costo promedio de los paquetes de baterías cayó a cerca de US$99 por kWh.

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Expansión del sector

Este umbral es considerado clave para acelerar la paridad de costos frente a los vehículos de combustión interna. La reducción no solo impulsa la adopción masiva de la movilidad eléctrica, sino que redefine la geografía industrial. Fabricar y ensamblar baterías comienza a ser viable en regiones fuera de Asia, lo que abre espacio para economías emergentes que buscan integrarse en esta cadena productiva.

Hay que resaltar que la cadena global de baterías ya no se limita a la producción de celdas. Actualmente incluye múltiples etapas que permiten la participación de nuevos países en procesos especializados como ensamblaje de módulos y packs, sistemas de gestión de baterías (BMS), integración electrónica y pruebas de seguridad y reutilización en segunda vida y reciclaje avanzado.

Esta diversificación permite que economías emergentes participen en eslabones intermedios sin competir directamente con los grandes fabricantes asiáticos. De acuerdo con ProColombia, el país reúne condiciones estructurales favorables para atraer esta industria estratégica.

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Energía limpia

Así las cosas, más del 70% de la matriz eléctrica nacional proviene de fuentes renovables, principalmente hidráulica, según cifras oficiales del sector energético y la Unidad de Planeación Minero Energética. La incorporación acelerada de proyectos solares y eólicos permite proyectar procesos industriales con menor intensidad de carbono, un factor clave en una industria altamente demandante de energía.

“Estamos ante una reconfiguración industrial donde la cadena de baterías es estratégica para la competitividad global. Colombia tiene la oportunidad de integrarse en eslabones de alto valor agregado, apalancándose en su energía limpia, talento y conectividad”, afirmó Carmen Caballero, presidenta de ProColombia.

El dinamismo del mercado colombiano de movilidad eléctrica refuerza el atractivo del país para inversionistas. Y es que, en 2025, se matricularon 87.623 vehículos electrificados, distribuidos así: 19.724 eléctricos puros y 67.899 híbridos. Estas cifras duplican los registros de años anteriores y consolidan una tendencia de expansión sostenida.

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Crecimiento del parque automotor

El crecimiento del parque automotor genera mayor demanda de infraestructura de carga, servicios técnicos especializados, software de gestión energética y soluciones de almacenamiento estacionario asociadas a la segunda vida de baterías. Además, surge un nuevo segmento de negocio en reciclaje y recuperación de materiales críticos, con oportunidades en economía circular, certificación tecnológica e integración electrónica.

La infraestructura logística refuerza la narrativa de atracción de inversión. Puertos como Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Buenaventura facilitan la importación de componentes y la exportación de sistemas ensamblados hacia América del Norte, Europa y otros mercados latinoamericanos.

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Impacto económico

En un contexto internacional donde las empresas buscan diversificar cadenas de suministro y reducir riesgos geopolíticos, el nearshoring gana relevancia y América Latina emerge como alternativa industrial. Dentro del país, varias regiones ofrecen ventajas complementarias:

  • Costa Caribe: conectividad portuaria y alto potencial renovable para parques industriales sostenibles.

  • Antioquia: capacidades metalmecánicas y electrónicas para ensamblaje de módulos y sistemas.

  • Santander y otras zonas industriales: encadenamientos productivos en componentes auxiliares.

La eventual producción de baterías tendría efectos más allá del sector automotor. Implicaría sofisticación industrial, generación de empleo calificado, transferencia tecnológica y fortalecimiento de exportaciones con mayor valor agregado.

El reto, como advirtió Caballero, es “atraer proyectos que desarrollen capacidades locales, impulsen empleo calificado y contribuyan a la transición energética”. La transición energética redefine no solo el transporte, sino también las cadenas industriales globales. El desafío para Colombia será convertir su potencial en proyectos concretos que transformen su estructura productiva.

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Paola Reyes Bohórquez. Con información de Valora Anatilik.