Renault registró una pérdida contable de USD11.000 millones por el desplome bursátil de Nissan, pero afirma que esto no afectará su flujo de caja ni sus dividendos.
Renault anunció esta semana una drástica reevaluación de su participación del 36 % en Nissan, que ha derivado en una pérdida contable de aproximadamente USD11.000 millones. Esta decisión responde a una modificación en la forma de contabilizar su inversión, pasando de aplicarlo como parte del método de participación a tratarlo como un activo financiero equivalente a su valor en bolsa.
Aunque el impacto es significativo en papel, se trata de una pérdida no monetaria, lo que supone que no reduce la liquidez de Renault ni afectará los pagos de dividendos . La medida busca alinear el valor en los estados financieros con el desplome del 40 % que ha sufrido el precio de las acciones de Nissan en el último año.
Hay que recordar que Renault y Nissan, que formaron una alianza de 26 años, comenzaron en 1999 con la ayuda de Carlos Ghosn. Con los años, Renault llegó a tener hasta el 43 % de Nissan, ahora reducido al 36 % y planean llevarlo a 10 % mediante una fondo en Francia. Esta reestructuración es parte de un proceso mayor que incluye la redefinición de su alianza.

Salida de Luca de Meo
Mientras Renault afronta cambios en su liderazgo, con la salida de Luca de Meo, que asumirá la presidencia de Kering, Nissan implementa un plan de reestructuración interna, que incluye cierres de fábricas y recorte de 20. 000 empleos.
A pesar del endurecimiento de los lazos financieros, Renault asegura que la cooperación industrial y tecnológica con Nissan continúa sin cambios. Así las cosas, en términos contables, la modificación se registra como “otros ingresos y gastos de explotación”, y afectará negativamente los informes del primer semestre del año, pero no implicará salida de efectivo ni afectará la distribución futura de dividendos.

Este ajuste también reduce el riesgo de enfrentarse a futuras pérdidas contables derivadas de nuevas caídas en el valor de las acciones de Nissan. Por todo esto, parece que Renault ha tomado una decisión inteligente al ajustar sus libros para reflejar la realidad del mercado: nadie cuestiona una pérdida, pero sí el no ser claro con ella. Esta estrategia brinda mayor transparencia a los inversores y se alinea con normas contables internacionales (IFRS).
Aunque el movimiento podría generar desconfianza en algunos inversionistas, los expertos aseguran que lo realmente importante es que no implica salida de caja ni limita la capacidad de pago de dividendos. Todo parece indicar que los retos reales para Renault son otros: por ejemplo la salida de su CEO, la competitividad en Europa y su capacidad para adaptarse al mercado eléctrico. Mientras tanto, Nissan debe estabilizarse tras años de turbulencias.
Paola Reyes Bohórquez.








