El 2026 tiene prendidas las alarmas del transporte intermunicipal, sector que advierte riesgos para su sostenibilidad y el bolsillo de los usuarios. Todo se debe al aumento del salario mínimo.

Los efectos del incremento del salario mínimo en Colombia para 2026 siguen revelando impactos complejos y de alto alcance sobre distintos sectores de la economía, y uno de los más golpeados sería el transporte terrestre intermunicipal de pasajeros. Así lo advirtió la Asociación para el Desarrollo Integral del Transporte Terrestre Intermunicipal, Aditt, que alertó sobre un escenario financiero cada vez más difícil de sostener.

De acuerdo con el gremio, el Índice de Costos del Transporte Intermunicipal de Pasajeros, publicado por el DANE, evidencia que los costos fijos representan el 32,99 % de la canasta de costos del sector. En este contexto, un aumento del salario mínimo cercano al 23 %, sin acciones paralelas que impulsen la productividad o reduzcan las cargas estructurales, “genera un impacto severo sobre la sostenibilidad económica del servicio”.

La preocupación se intensifica si se tiene en cuenta que el sector aún no logra una recuperación plena tras la pandemia. Según Aditt, en varias regiones del país la demanda sigue por debajo del 90 % de la operación histórica, lo que limita los ingresos y reduce el margen de maniobra para absorber nuevos incrementos en los costos laborales.

Alza en los pasajes

Bajo estas condiciones, el gremio advierte que el alza salarial podría traducirse directamente en sobrecostos operativos insostenibles, especialmente para las pequeñas y medianas empresas del sector. El informe señala que esta presión financiera podría trasladarse a los usuarios mediante incrementos tarifarios que podrían superar el 25 %, afectando de forma directa la accesibilidad al transporte intermunicipal.

A este panorama se suman problemas estructurales que, según la asociación, siguen sin resolverse y agravan la situación. Aditt enumera entre ellos las vías en mal estado, bloqueos recurrentes, retrasos en proyectos viales estratégicos, deficiente gestión de la infraestructura, protestas constantes y la existencia de amplias regiones con graves problemas de conectividad y movilidad.

Estas condiciones, advierte el gremio, elevan los costos operativos, reducen la eficiencia del servicio y limitan su calidad, sin que las medidas actuales mejoren realmente la competitividad del transporte.

Reacción en cadena

El impacto del aumento salarial, además, no se quedaría únicamente en las empresas transportadoras. Según Aditt, el efecto se amplifica a lo largo de toda la cadena productiva, afectando la inversión, el empleo formal y la sostenibilidad empresarial del sector, uno de los pilares de la conectividad regional y del movimiento económico en muchas zonas del país.

Desde la agremiación fueron enfáticos en aclarar que el sector no rechaza la mejora de las condiciones laborales. Sin embargo, insistieron en que las decisiones de política salarial deben venir acompañadas de un enfoque más amplio. “El sector no se opone a la mejora de las condiciones laborales, pero insiste en que las decisiones de política salarial deben ir acompañadas de estrategias integrales de productividad, formalización, eficiencia regulatoria y mejora de la infraestructura, para evitar que el ajuste recaiga exclusivamente sobre las empresas y los usuarios”, señaló el gremio.

Finalmente, Aditt lanzó una advertencia contundente sobre el futuro inmediato del transporte intermunicipal en Colombia. “De no adoptarse medidas complementarias, el transporte intermunicipal de pasajeros entra en una alerta roja, con riesgos reales para la continuidad del servicio, el empleo formal y la conectividad de las regiones”.

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Paola Reyes Bohórquez.