El nuevo Audi Concept C, presentado en el IAA de Frankfurt, guarda un parecido asombroso con el olvidado Rosemeyer Concept de hace 25 años.
Un cuarto de siglo puede parecer una eternidad en la industria del automóvil, pero Audi acaba de demostrar que algunas ideas son tan potentes que trascienden el tiempo. En la más reciente edición del IAA de Frankfurt, la firma de Ingolstadt presentó el espectacular Concept C, un prototipo con el que la marca busca anticipar el lenguaje de diseño que marcará sus próximos modelos de producción. Sin embargo, más allá de su impacto visual inmediato, el concept ha despertado una inevitable sensación de déjà vu entre los aficionados más atentos.
El Concept C, presentado por Massimo Frascella, director de Diseño de Audi, toma como referencia directa al mítico Auto Union Type C, el monoplaza que revolucionó la competición en los años 30 del siglo pasado. Un icono absoluto de la historia del automovilismo que ahora sirve de base conceptual para un prototipo que mezcla herencia, tecnología y una interpretación moderna del lujo y la deportividad.
Pero esta no es la primera vez que Audi mira tan atrás. En el año 2000, durante una etapa de enorme efervescencia creativa, la marca presentó el Rosemeyer Concept, un ejercicio de diseño igualmente radical firmado por Stefan Sielaff, entonces jefe de estilo de la compañía. Aquel prototipo rendía homenaje al Auto Union Type 52 de 1932, una berlina de altas prestaciones diseñada por Ferdinand Porsche y Erwin Komenda que ya anticipaba, hace casi un siglo, la idea de un sedán deportivo de alto rendimiento.


Copia de sí mismo
El Rosemeyer Concept también llevaba una fuerte carga simbólica en su nombre, al recordar al legendario piloto Bernd Rosemeyer, fallecido en 1938 mientras intentaba batir el récord de velocidad en carretera. Así, 25 años después, resulta casi imposible no apreciar el enorme parecido entre ambos concepts, más allá de los inevitables condicionantes tecnológicos que los separan, como la evolución de la iluminación, los materiales o la aerodinámica activa.
La comparación visual es contundente. La silueta de ambos prototipos está definida por una marcada verticalidad del pilar B, justo detrás de la puerta delantera, un rasgo poco común que refuerza su carácter escultórico. En el año 2000, Audi había convertido las formas redondeadas en una seña de identidad, mientras que el Concept C mantiene trazos curvos, aunque más suavizados y depurados, acordes con el lenguaje actual de la marca. Aun así, las similitudes laterales son evidentes y difíciles de ignorar.
En el frontal, los paralelismos son incluso más claros. El Rosemeyer Concept ya anticipaba una parrilla muy vertical en una época en la que los modelos de calle de Audi aún no habían adoptado ese rasgo con tanta contundencia. Esa misma verticalidad es hoy una constante en el diseño de la marca y se expresa con fuerza en el Concept C, reforzando la conexión estética entre ambos prototipos.

Audi robusto
Donde el parecido deja de ser una coincidencia y roza la declaración de intenciones es en la defensa. Ambos concepts prescinden de luneta trasera, apuestan por pilotos horizontales extremadamente finos y destacan unos pasos de rueda exagerados que refuerzan la musculatura del conjunto. El tratamiento del color marca una diferencia clave: mientras el Rosemeyer lucía un impactante aluminio pulido que subrayaba cada arista, el Concept C recurre a un tono más sobrio que suaviza visualmente sus líneas y aporta una lectura más contemporánea.
En el interior, pese a los 25 años de diferencia tecnológica, Audi mantiene una coherencia sorprendente. Tanto en el Rosemeyer Concept como en el Concept C, el minimalismo y la limpieza de líneas son protagonistas absolutos. Cambian los materiales, las interfaces y los sistemas digitales, pero permanece una interpretación del lujo elegante y sin estridencias, fiel al ADN de la marca.
Dos prototipos separados por un cuarto de siglo, inspirados en dos Auto Union históricos distintos, pero unidos por una visión común del diseño, la deportividad y la herencia de competición. Una prueba clara de que, en Audi, mirar al pasado no es nostalgia, sino una herramienta para construir el futuro.
Paola Reyes Bohórquez.







