Liebherr presentó un innovador motor de combustión capaz de operar sin gasolina o diésel. Busca reducir las emisiones en diferentes sectores.
Mientras gran parte de la industria del transporte avanza hacia la electrificación, algunos fabricantes continúan explorando alternativas para descarbonizar actividades donde las baterías aún no ofrecen una solución práctica. Ese es el caso de Liebherr, uno de los mayores fabricantes de maquinaria de construcción y equipos para minería del mundo, que acaba de mostrar un nuevo motor diseñado para funcionar principalmente con amoníaco.
La compañía exhibió esta tecnología durante una importante feria industrial en Múnich, Alemania, reforzando su apuesta por combustibles alternativos para sectores como la minería, la construcción y otras aplicaciones todoterreno de gran exigencia energética.
Aunque la electrificación avanza rápidamente en automóviles y vehículos ligeros, la situación es diferente en maquinaria pesada. Equipos que operan durante largas jornadas en minas, canteras o zonas remotas requieren enormes cantidades de energía y tiempos mínimos de inactividad, condiciones que siguen representando un reto para las baterías actuales.

¿Solución viable?
Por esa razón, Liebherr considera que el amoníaco verde podría convertirse en una solución viable para reducir las emisiones de carbono sin renunciar a las ventajas de los motores de combustión interna.
El concepto presentado por la compañía tiene su origen en un proyecto mostrado inicialmente en 2025, cuando la empresa reveló una maqueta de un motor de combustible dual. En este sistema, el amoníaco actúa como principal fuente de energía y como portador de hidrógeno.
Este denominado amoníaco verde se produce a partir de hidrógeno generado mediante electrólisis utilizando electricidad procedente de fuentes renovables como la energía solar o eólica. Una de sus principales ventajas frente al hidrógeno puro es que resulta mucho más sencillo de almacenar y transportar, algo especialmente importante para aplicaciones industriales ubicadas lejos de los grandes centros urbanos.

Combustible del futuro
Precisamente esa facilidad logística ha llevado a numerosos expertos a considerar el amoníaco como uno de los posibles combustibles del futuro para sectores difíciles de electrificar. Países con abundantes recursos renovables podrían producirlo y exportarlo de forma similar a como hoy se comercializan otros combustibles energéticos.
Sin embargo, su utilización en motores presenta desafíos técnicos importantes. A diferencia de la gasolina o el diésel, que se inflaman a temperaturas relativamente bajas, el amoníaco requiere alcanzar aproximadamente 650 grados centígrados para iniciar una combustión eficiente. Debido a ello, suele necesitar un combustible complementario para facilitar el encendido y garantizar un funcionamiento estable.
Según explica Liebherr, entre las alternativas más viables se encuentran pequeñas cantidades de diésel o hidrógeno. Este último incluso podría obtenerse directamente a partir del propio amoníaco mediante procesos catalíticos. En escenarios donde se emplee hidrógeno renovable como apoyo, el motor podría operar sin emisiones directas de CO2.

Más sostenible
La propuesta adquiere especial relevancia en sectores como la minería, donde las compañías buscan reducir su huella ambiental sin comprometer la productividad. Grandes fabricantes de maquinaria y empresas energéticas están evaluando distintas tecnologías para alcanzar objetivos de neutralidad de carbono durante las próximas décadas.
Aunque el amoníaco también está siendo investigado para aplicaciones en automóviles por fabricantes y centros de investigación de países como China y Japón, su llegada al mercado masivo parece menos probable. El rápido crecimiento de los carros eléctricos de batería ha reducido significativamente el espacio para nuevos combustibles alternativos dentro del transporte ligero.
No obstante, en el mundo de la maquinaria pesada, la situación es diferente. Allí, soluciones como el amoníaco verde podrían convertirse en una herramienta clave para reducir emisiones en actividades donde la electrificación total aún parece lejana.
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Paola Reyes Bohórquez.









