BYD inició el despliegue masivo de su infraestructura Megawatt Flash Charging. Este sistema busca acercar la experiencia de carga eléctrica al tiempo que toma tanquear un carro a gasolina.
La carrera por acortar los tiempos de carga de los carros eléctricos acaba de dar un golpe sobre la mesa. BYD comenzó a desplegar su ambiciosa tecnología Megawatt Flash Charging, una infraestructura capaz de alcanzar picos de 1.360 kW y prometiendo recuperar hasta 400 kilómetros en solo cinco minutos, cifras que reconfiguran por completo el debate sobre la autonomía y la viabilidad del vehículo eléctrico frente a los motores de combustión.
El nuevo sistema destaca por tres números que marcan su ADN tecnológico: 1.000 voltios, 1.000 amperios y 1.000 kW de potencia nominal, con un pico máximo de 1.360 kW. Según la compañía, esta capacidad permite recuperar casi dos kilómetros de autonomía por segundo, lo que se traduce en hasta 400 kilómetros en apenas cinco minutos, como se indicó anteriormente. En otras palabras, tiempos que comienzan a competir directamente con la tanqueada tradicional.
Se trata del primer sistema de carga para turismos de nivel megavatio con refrigeración líquida producido en serie, una solución fundamental para garantizar estabilidad térmica cuando se manejan intensidades tan elevadas.

Diseño efectivo
Visualmente, las estaciones son inconfundibles. Presentan una estructura en forma de “T” con acabado en azul intenso y dos cables suspendidos a ambos lados. Este diseño evita que las mangueras arrastren por el suelo y compensa su peso mediante un sistema de poleas.
El sistema integra tecnología de “doble pistola”, lo que permite utilizar un solo conector o ambos en paralelo para incrementar la potencia disponible. Tanto los cables como el terminal están refrigerados por líquido, reduciendo el riesgo de sobrecalentamiento en sesiones de carga de alta potencia.
Más allá de la potencia bruta, BYD incorporó una función clave denominada “peak shaving and valley filling”. El sistema almacena energía durante las horas valle, cuando la demanda eléctrica es menor, y la libera en momentos de máxima utilización. Este planteamiento combina transformador, inversor y un sistema de almacenamiento con supercondensadores, convirtiendo cada estación en una pequeña unidad energética autónoma.

Despliegue a gran escala
Tras su presentación meses atrás, BYD comenzó el despliegue a gran escala en China. Hasta ahora, la compañía había instalado pocos puntos públicos, una estrategia que le permitió contener costos y ofrecer vehículos más competitivos en precio. Sin embargo, con su crecimiento en el mercado doméstico acercándose a un punto de inflexión, la expansión de una red propia de carga megavatio podría convertirse en un factor determinante para impulsar sus modelos compatibles con esta tecnología.
Pero, no todo es potencia y velocidad. El principal desafío es económico. La infraestructura necesaria para soportar 1.000 V, 1.000 A y picos de 1.360 kW resulta considerablemente más costosa que los cargadores rápidos convencionales. La inversión en equipos, red eléctrica y sistemas de almacenamiento eleva el listón financiero.
Ahora la pregunta es si el mercado está preparado para absorber ese sobrecosto a cambio de eliminar uno de los mayores frenos psicológicos del carro eléctrico: el tiempo de recarga. La apuesta estratégica es clara. Si la recarga ultrarrápida se consolida y realmente permite sumar 400 km en cinco minutos, el impacto en la adopción masiva del vehículo eléctrico podría ser decisivo.
Paola Reyes Bohórquez.








