General Motors se expande más allá de los carros. El fabricante creará baterías de sodio de bajo costo junto a Peak Energy para alimentar infraestructuras y redes eléctricas.
Durante años, la conversación sobre baterías estuvo dominada por la autonomía de los vehículos eléctricos y los tiempos de recarga. Sin embargo, el crecimiento acelerado de los centros de datos, inteligencia artificial y demanda energética está impulsando una nueva carrera tecnológica. En ese escenario, General Motors acaba de dar un paso importante al confirmar que trabaja en baterías de iones de sodio para aplicaciones de almacenamiento estacionario a gran escala.
La iniciativa marca una expansión de la estrategia energética del fabricante estadounidense más allá de los carros. Aunque GM sigue invirtiendo en tecnologías para vehículos eléctricos, ahora busca aprovechar su experiencia en el desarrollo de baterías para atender un mercado que crece rápidamente: el almacenamiento de energía para infraestructura crítica, redes eléctricas y centros de datos.
Las baterías de iones de sodio funcionan bajo principios similares a los de las conocidas baterías de iones de litio. En ambos casos, la energía se almacena y libera mediante el movimiento de iones durante los procesos de carga y descarga. La diferencia radica en los materiales utilizados y en el objetivo para el que fueron diseñadas.

Alternativa al litio
Mientras las baterías destinadas a autos eléctricos deben ser ligeras y compactas para maximizar la autonomía, las de sodio están enfocadas en suministrar energía de manera constante durante largos periodos. Además, pueden operar en un rango de temperaturas más amplio, reduciendo la necesidad de complejos sistemas de refrigeración, uno de los componentes más costosos en las instalaciones de almacenamiento energético.
Otro aspecto que genera interés en la industria es la abundancia del sodio. A diferencia de materiales como el litio, el cobalto o el níquel, cuya disponibilidad y precio pueden verse afectados por factores geopolíticos y restricciones en la cadena de suministro, el sodio es uno de los elementos más abundantes del planeta. Esto abre la puerta a soluciones potencialmente más económicas y sostenibles para proyectos de gran escala.
Aunque el proyecto todavía se encuentra en una fase temprana, General Motors considera que la experiencia acumulada en el desarrollo de baterías para carros eléctricos puede acelerar la evolución de esta nueva química. La compañía anunció que durante este año iniciará la fabricación de prototipos de celdas de iones de sodio en el Wallace Battery Cell Innovation Center, trabajando conjuntamente con la empresa Peak Energy.

GM amplía su estrategia energética
La apuesta no llega sola. Paralelamente, GM continúa desarrollando baterías LMR (Litio-Manganeso-Rico), consideradas una de las próximas generaciones de baterías para automóviles eléctricos. Así como baterías LFP (Litio-Ferrofosfato) destinadas tanto a vehículos como a proyectos de almacenamiento energético desarrollados junto a Ultium Cells y LG Energy Solution.
Esta estrategia también contempla el aprovechamiento de baterías provenientes de carros eléctricos que ya terminaron su vida útil automotriz. En colaboración con Redwood Materials, GM participa en proyectos que incorporan cerca de 10.000 baterías reutilizadas para suministrar energía a diferentes infraestructuras, incluidos centros de datos asociados al crecimiento de la inteligencia artificial.
Uno de los objetivos más concretos ya tiene fecha. A partir de 2027, la compañía planea instalar sistemas de almacenamiento basados en baterías reutilizadas dentro de una de sus plantas en Michigan. La meta es reducir significativamente los costos de electricidad y demostrar el potencial económico de este tipo de soluciones.
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Paola Reyes Bohórquez.









