Toyota rompe el consenso y defiende los motores de combustión interna. La marca asegura que el enemigo es el carbono y propone una transición con múltiples tecnologías.

En un momento en el que varios gobiernos de Europa han fijado 2035 como fecha límite para la venta de vehículos nuevos con motor de combustión, Toyota volvió a marcar distancia frente a la idea de que el futuro del automóvil deba ser exclusivamente eléctrico.

Desde su división deportiva, Toyota Gazoo Racing, la compañía aseguró que el problema central no es el motor de gasolina o diésel en sí mismo, sino las emisiones de carbono asociadas a su uso y producción. En una entrevista con medios australianos, Tomoya Takahashi, presidente de la división, fue directo: “los motores de combustión interna no son malos. El enemigo es el carbono”.

Su declaración se produce en un contexto en el que la Unión Europea y otras regiones avanzan en regulaciones que buscan eliminar progresivamente las emisiones de CO2, incluyendo prohibiciones futuras a la venta de vehículos térmicos nuevos.

Toyota motores a combustión

Postura de Toyota

La postura de Toyota no significa un rechazo al carro eléctrico. De hecho, la marca comercializa modelos 100 % eléctricos como el bZ4X. Sin embargo, insiste en que la electrificación total no resolverá por sí sola los desafíos ambientales y estructurales del sector automotor.

El argumento de Takahashi apunta a la cadena completa de producción. La transición masiva hacia carros eléctricos requiere grandes volúmenes de minerales críticos como litio, níquel y cobalto. Según la Agencia Internacional de Energía, la demanda de litio podría multiplicarse varias veces antes de 2040 si se mantienen los objetivos globales de electrificación. Esto genera presión sobre la minería, riesgos de desabastecimiento y tensiones ambientales en regiones productoras.

Para Toyota, centrar toda la estrategia en un solo tipo de tecnología puede ser una visión limitada. La compañía ha construido durante décadas una reputación como pionera en sistemas híbridos, desde el lanzamiento del Prius en los años noventa, y ha mantenido inversiones en hidrógeno, pilas de combustible y combustibles sintéticos capaces de reducir de forma significativa el balance neto de carbono en motores tradicionales.

Toyota motor cuatro cilindros 600 caballos

A favor de la combustión interna

Takahashi explicó que la marca quiere “utilizar motores de combustión interna en la medida de lo posible”, siempre que puedan operar con tecnologías que reduzcan emisiones. Reconoció que podría llegar un momento en el que la regulación los prohíba, pero subrayó que hoy siguen siendo viables si evolucionan hacia soluciones más limpias.

Toyota también ha desarrollado nuevos bloques térmicos más compactos y eficientes, con mejoras en eficiencia térmica y menor tamaño. Para la compañía, aún existe margen de innovación en los motores tradicionales, incluso sin electrificación total.

El debate no es menor. La industria automotriz representa una parte significativa de las emisiones globales de CO2, y la presión regulatoria es creciente. Pero Toyota insiste en que la descarbonización no debe limitarse a cambiar un tipo de motor por otro, sino considerar el ciclo completo de vida del vehículo, desde la extracción de materias primas hasta el reciclaje.

Toyota C-HR eléctrico 2026

Transición diversificada

Desde la visión de Toyota Motor Corporation, el automóvil también es experiencia. Takahashi afirmó que el objetivo no es competir únicamente en cifras de aceleración de cero a 100 km/h, sino crear “carros divertidos” que mantengan el placer de conducción sin renunciar a criterios de sostenibilidad.

En otras palabras, la marca propone una transición energética con múltiples caminos: híbridos, híbridos enchufables, eléctricos puros, hidrógeno y motores capaces de usar combustibles neutros en carbono. La discusión, lejos de cerrarse, apenas comienza.

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Paola Reyes Bohórquez.