Un reciente estudio de McKinsey reveló que la mitad de los dueños de vehículos eléctricos en EE.UU. está evaluando volver a los carros con motor de combustión.
Un análisis de McKinsey & Company indicó que alrededor del 46 % de los propietarios actuales de vehículos eléctricos en Estados Unidos consideran comprar nuevamente un automóvil con motor de combustión interna en su próxima adquisición, frente a un promedio global de 29 % de propietarios con esa intención.
Este resultado, que surge pese a las proyecciones que anticipan que las ventas de vehículos eléctricos se multiplicarán por seis para 2030, pone en evidencia retos estructurales del mercado que impactan directamente en la experiencia de los consumidores.
El estudio identifica tres áreas clave de descontento entre los conductores de eléctricos que explican por qué muchos están pensando en regresar a vehículos de combustión tradicional: la más destacada es la falta de infraestructura de carga para estos automotores.

Insatisfacción con los eléctricos
Y es que un 35 % de los encuestados señaló específicamente que la mala calidad de la red de carga pública, fallas frecuentes en estaciones y la falta de puntos de carga rápida son un problema grave. Muchos mencionaron que esto complica la planificación de viajes y limita la movilidad.
Un 34 % de los conductores expresó insatisfacción con los costos de tener un EV, que incluye el gasto en electricidad, reparaciones de baterías y mantenimiento general. Estas cifras han hecho que muchos perciban que los beneficios económicos de un EV se ven opacados por gastos recurrentes considerables.
A lo anterior se suma el tema de los puntos de carga, aproximadamente un 32 % de los propietarios indicó que los autos eléctricos afectan negativamente sus patrones de viaje en trayectos largos, generando estrés cuando planifican rutas o enfrentan paradas más frecuentes y tiempos de espera prolongados en estaciones.

Dilema con los carros
Este sentimiento crítico entre los propietarios europeos y estadounidenses contrasta con otras regiones donde el entusiasmo por los vehículos eléctricos sigue siendo alto. A pesar del descontento en EE. UU., los fabricantes continúan apostando por la transición energética: políticas públicas y objetivos de descarbonización mantienen una oleada de inversiones en infraestructura y tecnología de baterías.
No obstante, los datos de McKinsey sugieren que solo mejorar la oferta de EVs no es suficiente si no se atienden aspectos como la disponibilidad y confiabilidad de los puntos de carga, la reducción de costos asociados a la posesión y la experiencia general del usuario.
Paola Reyes Bohórquez.






